Dr. Floriberto González González
El libro llegó por un par de vías. Primero fue el Sr. Arturo Solís; después, la maestra Delfina asistió a la Feria del Libro de Guadalajara y se lo encargué. Confieso que lo adquirí por curiosidad intelectual, para saber cuál era la historia que la autora quería contar.
La redacción atrapa. El relato es ameno, mesurado, sin estridencias. Inicia por la raíz: la familia. Lleva el nombre de la abuela paterna: “Otilia”.
De padre tixtleco y madre atoyaquense. Él, poeta, lleva la música por dentro y la lucha social también, abogado de profesión por la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGRO). La madre, migrante por ser hija de militar hasta que se establecen en Chilpancingo, en donde se hace maestra por solidaridad y junto con quien sería la abuela de NOHM, fundan la escuela primaria que actualmente lleva el nombre de “Héroes de Guerrero”. La madre, Magdalena Martínez Ríos, con ese espíritu solidario, se convierte en gestora. En ese ir y venir al palacio municipal de Chilpancingo, se topa con quien sería el padre: Venancio Hernández Dircio, Procurador de Barrios y Colonias de Chilpancingo.
La autora continúa su relato describiendo el matrimonio de sus padres: amores y desamores, bohemia, deudas, proyectos, militancia, organización, solidaridad con los más desprotegidos. Hay un intento de separación y el regreso al pueblo natal de la madre -Atoyac de Álvarez-, en donde participa como candidata a la presidencia municipal. Después, el reencuentro y el regreso a Tixtla con los abuelos paternos. De nuevo al periodismo, los negocios y la organización política hasta la muerte de sus padres en un accidente carretero un 9 de junio de 1993. Otilia Hernández tenía 15 años. Se hace cargo de sus hermanos junto con la abuela paterna.
Años después aparece otro hecho, un viaje de 12 horas a la Sierra, a una comunidad llamada Pueblo Viejo. Es, según narra, su primer contacto con la corrupción policial vinculada a la protección de productores de amapola y, al mismo tiempo, con la pobreza extrema. De ahí, un primer matrimonio frustrado y se queda con cinco hijos, un empleo en el municipio de Chilpancingo en donde la sorprende la violencia generalizada que ya no se puede ocultar. Es 2006.
Las circunstancias la hacen sumarse a las organizaciones civiles que exigen seguridad en Chilpancingo. Junto con Marco Antonio Oropeza y Simón Wences, forma la primera Coalición de Organizaciones Unidas de la Capital. Después del asesinato de Wences, la organización se desmorona y desaparece. En 2009 se afilia al PRD. Participa como regidora y como diputada perdiendo ambas contiendas. En 2015, como presidenta de la Asociación Civil Amigos de Chilpancingo, visita la comunidad de Toro Muerto (San Miguel Totolapan), y conoce la experiencia de las policías comunitarias.
Ese mismo año, 2015, regresa a Tixtla, tierra paterna, y participa en la conformación de la Asamblea Popular de Tixtla, que por la desaparición de los 43, se habían suspendido las elecciones. Se afilia a Morena y en 2018, como candidata de ese partido, es la primera mujer que gana la diputación local del Distrito 1 de Chilpancingo.
Para entonces – y esto atraviesa el texto como un contexto permanente- Guerrero es un polvorín. Las principales ciudades: Chilpancingo, Acapulco e Iguala, aparecen atrapadas en una violencia desatada. Proliferan grupos armados, a veces tolerados y a veces “reconocidos” bajo membretes que confunden: autodefensas, comunitarios, guardias, “pueblos organizados”.
En 2021, en plena pandemia, compite por Morena y gana de forma contundente la presidencia municipal de Chilpancingo. La autora hace un recuento de su paso por el ayuntamiento con “datos duros”, y también un balance de cómo se recrudeció la violencia. Incluye un documento amplio con fragmentos censurados por ella misma, dirigido a la gobernadora, en el que expone la situación sin recibir respuesta. Quien lea el libro, hará su propia valoración de ese documento.
El quiebre narrativo se da con los hechos del 7 de junio del 2022. Fuerzas federales y estatales ingresan a la comunidad de Petaquillas sin notificarle. La autora describe un día de desconcierto institucional, nadie explica, nadie contesta llamadas, nadie asume responsabilidades. Ese día, la población detuvo cinco convoyes militares que quisieron tomar el control de la comunidad. Esa misma noche, mediante una minuta firmada por el comandante de la zona militar del 50/B y el director de Gobernación estatal, se establecía que cualquier incursión militar en esa comunidad debería coordinarse con el comisario municipal: quedan en libertad. Así se selló, en papel y con tinta, una verdad amarga: en Guerrero, hay lugares en donde el Estado aparece, pero no manda. Lo que siguió fue caos y terror.
NOHM toma la decisión de ir a Petaquillas el 13 de junio y realiza una audiencia pública. Ahí, anuncia que buscará un encuentro directo con los policías comunitarios o autodefensas para dialogar. Los enlaces, según describe, fueron Monseñor Salvador Rangel Mendoza y un sacerdote cuyo nombre omite.
El encuentro ocurre a finales de junio (sin mencionar fecha), en un restaurante rumbo a Mochitlán (tampoco se nombra el restaurante). El relato que NOHM hace de ese encuentro es el corazón del libro, cuenta su verdad sobre esa reunión, en donde -afirma- solo estuvieron cuatro personas: el interlocutor, ella, su esposo y el sacerdote. Hasta hoy, de esa reunión solamente se conoce un video que es del dominio público y ahora este libro testimonial. Su mérito es atreverse a hacer pública y por escrito su verdad -incompleta, tergiversada u honesta-, de esa reunión, pero que es una narrativa propia. “No hay que olvidar que la historia depende de quién la cuente, cómo la cuente y para quién la cuente”.
La autora continúa su relato tratando de explicar lo ocurrido el 24 de junio del 2023 -un año después de la entrevista-, cuando aparecen cartulinas con su nombre en el barrio de San Mateo en un contexto de terror. Se preguntará una y otra vez el objetivo de ese hecho. A partir de ahí, se iniciaría por todos los medios un linchamiento mediático en su contra. Le cierran las puertas, queda sola. Busca al sacerdote y no obtiene respuesta.
NOHM llega a la siguiente conclusión: “alguien quería que me fuera de Guerrero. Alguien poderoso y peligroso […] el video era la moneda de cambio para sacarme del cargo […] ¿Por qué querían que me fuera de Guerrero?”. Morena pierde la capital en las elecciones del 2024.
Hacia el final del libro, habla de Alejandro Arcos Catalán y del mensaje que no le pudo contestar la noche previa a su tragedia.
El libro cierra con doce puntos para recuperar Guerrero.
P.D. Vale la pena leerlo, no para juzgar personas, sino para observar cómo opera el poder cuando el territorio se disputa, el miedo gobierna y la política se degrada.
Diciembre de 2025