Con la fractura de la Pangea se inició la divergencia, de ser una amalgama, una masa continental ahora los océanos dividían a las islas y continentes que continuaban separándose, en cada uno de estos lugares la vida, la flora y la fauna adoptaron una evolución con un rumbo diferenciado, sin embargo, en 1492 el mundo se reordenó en su conjunto, se posibilitó la convergencia.
Así arranca la obra 1492 el nacimiento de la modernidad (Debate) de Felipe Fernández-Armesto que resalta el mundo que rodeaba y hacía ininteligibles las consecuencias del viaje que monopoliza en los libros de historia Cristóbal Colón, claro que las posibilidades que abrió son relevantes pues a otros les había costado siglos de desarrollar.
Invirtió la evolución divergente y posibilitó la conexión entre dos hemisferios -el viejo mundo con el nuevo- fue un “paso gigante” para la construcción de la modernidad “un mundo globalizado y occidentalizado que habitamos en la actualidad”, indica el escritor, sin obviar, que un solo año como 1492 pudo lograr tantas cosas por sí solo, pues será hasta 1493 que Colón explora rutas de ida y vuelta que pudieron explotarse para cambiar la redistribución de poder y riqueza en Europa.
Pero asociar todo a un solo año es “ahistórico”, insiste el autor porque para la mayor parte de los pueblos de la cristiandad ni siquiera era 1492 pues algunos consideraban el 25 de marzo -supuesto aniversario de la concepción de Cristo- como el inicio del año “comenzar con la primavera tenía su lógica” y por eso el escritor anuncia una flexibilidad en la datación para repasar lo que se piensa fue 1492 sin obviar el contexto.
El libro trata de cómo entendemos el mundo y el tiempo.
“El mundo es poco”, aseguró Cristóbal Colón, sin embargo, la ruta que creyó estrecha no lo era y en el periplo descubrió que poco era el conocimiento y mucha la ignorancia de quienes ilustraban mapas con lugares inexistentes o incluso recurriendo al esoterismo. Fue optimista al emprender el viaje.
Conectividad, en un mundo como el actual sería imposible pensar que solo mercancías viajan a través del aire, mar o tierra. Las pandemias también se propagan de manera más efectiva. Pensar que conectividad es prosperidad únicamente es un fatal error, antes de la llegada de Colón, Europa no pasaba por buen momento.
La crisis que experimentaba, además, la monarquía que se excedía en gastos y empeñaba incluso joyas para permitirse lujos o conflictos que dividieran al enemigo musulmán cambiaron cuando el descubrimiento del Nuevo Mundo les propició una fuente duradera de ingresos.
La conectividad con otro mundo permitió el comienzo de la modernidad, pero también de la globalización. Europa logró ascender cuando era vista por otros con desdén “como un rincón pobre y atrasado”, porque en términos llanos “estaba jodida” no tenían algo que intercambiar por ejemplo a China lugar en el que ya se utilizaba el papel como moneda de cambio en el siglo XIV.
Al lograrse esta conectividad el mundo dejó de ser un lugar divergente y se reconfiguró, incluso en Rusia ese año se pensaba que era el último del mundo y despojándonos de esa óptica de la ortodoxia vaya que fue el fin de un mundo con una “transformación más profunda y duradera”.
El mundo islámico quedó rezagado por no mostrar interés en cartografiar el mundo con actualizaciones y seguían recurriendo a imágenes antiguas: sin realismo, lo que supuso el fin de su supremacía en esa área y la debacle de su poder y todo lo conquistado pues las riquezas traídas -¿saqueada?- del Nuevo Mundo así lo cimentó.
En la actualidad en China se fabrica casi todo: celulares, televisiones, vehículos, computadoras, ropa, bueno hasta en un momento un ciudadano de ese país registró los derechos para comercializar la imagen de la Virgen de Guadalupe.
China tuvo una contribución importante para la modernidad pues a ellos debemos el papel y la pólvora. El capitalismo moderno le debe su fuerza gracias a la invención del papel moneda. Todo pasó por ahí: comunicaciones, finanzas, comercio, la guerra, todo “Made in China”. El Viejo Mundo se apropió de invenciones chinas y supuso que su aplicación efectiva despegara las revoluciones científicas, comerciales, industrial y militares.
La mayoría de personas en México son católicas gracias a esa conectividad que inició en 1492; compartimos genes gracias a la mezcla de europeos con nuestros ancestros. Café, mango, tamarindo o jamaica los conocemos y consumimos por la modernidad.
¿Qué nos separa hoy que cotidianamente podemos tener una charla virtual en tiempo real con alguien que está en otro país o incluso en el espacio? Las grandes rupturas de un mundo conectado son las ideologías, las religiones y la desigual distribución de recursos.
¿Qué causaría una desconectividad en el mundo actual? Quizás la propagación de una enfermedad letal. Si el Covid-19 obligó a una pausa mundial, un confinamiento; la aparición de una enfermedad letal que obligue al aislamiento ocasionaría una desconexión de los pilares que sostienen todo en nuestra cotidianidad, un meteorito, una inestabilidad climática repentina, sin cesar y en todas partes.
¿Algo más?
Puede suceder.
“…ya que Europa, tanto entonces como hoy, era un lugar atrasado, despreciado o ignorado”, una cita que delata el sesgo del autor y lo que sirve a su tesis sobre el eurocentrismo. Vive el autor en el Reino Unido y eso también importa por cómo se entienden las cosas desde allá, también se trata con ese desdén a gran parte del mundo.
Durante varias horas, pensé y repensé el sentido de nuestros gobernantes al exigir disculpas al gobierno español sobre lo ocurrido hace 500 años, ¿qué caso tiene que otra nación se hinque -por capricho- en una narrativa fría y poco sincera? ¿Qué ganamos como nación? ¿Qué oro o plata devolverán si la mayor parte de las riquezas minerales que se llevaron también a ellos les fueron arrebatadas?
Cuánto tiempo perdido por malos oficios de nuestros gobernantes que recurren a una retórica nacionalista, ¿qué humanista tiene ese discurso?
Desencajado, así repasé la extinción del islam en Europa y el surgimiento de España al servicio de Dios. Entendí el porqué esa imagen tan común en distintos hogares y parroquias en cualquier parte de México era el signo más importante de la conectividad iniciada con el Viejo Mundo, el porqué desataba tanta pasión y en ocasiones algunos desencuentros.
“…El islam y la cristiandad se rozaban a través del mar, unas veces con meros intercambios retóricos, otras librando guerras declaradas, y otras sin más por ganar para su causa a pueblo remotos del mundo aún no comprometidos con ninguno de los dos”. El acicate que terminó por fusionar y legitimar la conectividad fue la religión.
La religión católica, la virgen María son símbolos de poder y unión en cualquier entidad del país, cada 12 de diciembre se realizan diversos recorridos para llegar a la basílica y con esto reafirmar nuestra conexión con España, con una religión ajena a la de nuestros ancestros, pero lo que más asombro me causó fue el volver a ver esa imagen con otros ojos, con los de un conquistador que levanta una bandera que ondea por los siglos de los siglos: la Virgen pisando la media luna, anuncia la victoria de Europa sobre el islam y la conquista más duradera: el Nuevo Mundo.
México también se consagró al servicio de un solo Dios.
“En este primer cuarto del Siglo XXI, podemos decir que todo está conectado, todo viaja: personas, conocimiento, enfermedades, población, ideas, capital, contaminación, información, prostitución, narcotráfico, y todo tipo de productos”, destaca el Dr. Floriberto González y en un contexto en donde todo se conecta y viaja ya queda muy poco de vida que evoluciona de manera distinta, de información que viaja por la red y que está disponible todo el tiempo… claro que produce una transformación.
Esa pregunta sigue resonando en mi mente:
¿Qué podría causar la desconectividad en el mundo?
Ante un escenario fatalista aún podríamos encomendarnos a la educación como último reducto de la conectividad para ser más humanos y conscientes.
Bibliografía
Fernández, F. (2010). 1492, El nacimiento de la modernidad). Debate.
González, F. (2025). Seminario de Temas Selectos I. UPN.